
Después de pasar cinco días en Creta medio-incomunicada, el aburrimiento decidió ponerme a escribir una crítica de estos días. Como estaba en el iPhone lo estuve escribiendo en una nota, lo he copiado y me lo he mandado a mi misma por correo, no me imaginaba que al final fuese a ser tan extensa aunque se veía grande de todos modos.
Los españoles somos tan geniales que en vez de comprar colchonetas en el mini-market se las robamos a los demás sin que se den cuenta. Eso sí, luego las reclaman y te quedas cortado porque te estuvieron mirando mientras hacías el tonto con ellas jugando como si fuese un caballo.
En el acuapark al no funcionar el tobogán nos ponemos con nuestro pequeño vaso de cocacola a mojar el tobogán para que resbale y se pueda bajar. Al final como parece hacer gracia lo que hacemos nos acaban imitando los demás aunque el único que lo haya hecho haya sido una bebé que suponemos que es alemana.
Nos toman por tontos y nos dan una habitación normalita que lleva sin redecorar desde el 2004 vendiéndolas como si fuesen algo más. Al ponernos serios nos dejan ver las que son (algo) mejores pero que en su contra no se ve el mar y además llevan sin renovarse desde el 2001(aparte de enseñártela sin limpiar con lo que se te quitan más las ganas de cambiarte).
Uno de los peores fallos es el no tener WIFI nada más que en la recepción y en las suites. Tiras del teléfono tras haber solicitado con tu compañía 10M que te llegan para mirar alguna cosa de vez en cuando rápido, no vaya a ser que te pases de esos 10M y la factura que te llegue después te dé un susto. Al final pides conexión de tres horas por doce euros. Un timo pero algunos tenemos la necesidad de estar conectados y nos vemos obligados a pagar ese dinero.
Por las noches hay espectáculos para niños, que hay demasiados y parece que salen de debajo de las piedras y cuando crees que estás en un lugar tranquilo aparecen críos gritando y salpicando (en fin, son niños y tienen que pasárselo en grande, aunque sean pequeños). Todo está lleno de alemanes y por lo tanto los espectáculos son inicialmente en alemán y no entiendes nada. A veces lo traducen en inglés pero hay que tener suerte porque no en todos los lados lo hacen.
Si vas a un hotel alemán tienes una consecuencia y es que todo está en alemán o por lo contrario en el idioma del país en el que estás. En este caso en Grecia por lo que te hablan en griego, inglés el justo. Si por alguna casualidad te encuentras con un camarero español le das la alegría del día y se queda más feliz que un regaliz pensando que no es el único que tiene la mala suerte de tener que aprender griego, un idioma muy feo y que para decir porfavor pronuncias algo que suena como "paracalor". Debemos ser ignorantes por no hacer el mínimo esfuerzo por aprender un poco o al menos entender algo por poco que sea.
Aunque para calor, el que hace aquí. Estando a la sombra te quemas por la tontería de no echarte crema porque la sombra de la sombrilla varía según pasa el tiempo. Empiezas en un sitio y acabas al lado de donde estabas pero tras haberle dado una vuelta a la manzana. Si te pones al sol tienes que echarte obviamente crema también pero dos litros por pierna y medio litro por hombros y pecho.
Otro detalle es que si vas a un hotel en el que está todo incluído, tienes comida y bebida a todas horas disponible para que vaya a acabar en la tripa y posteriormente en forma de michelines y grasa que no te quitarás a no ser que hagas muchos esfuerzos nada más volverte a casa. Deberían poner una báscula en la entrada del hotel para pesarte al llegar y volver a pesarte al irte para ver cuántos kilos has engordado y en función de eso cobrarte lo que correspondería.
En la piscina para comunicarte también es difícil, en qué idioma lo haces? El que usamos es inglés para decir sorry si nos chocamos con alguien o para devolver la colchoneta que robamos al principio. El caso es con los pequeños que sólo controlan su idioma materno y poco más, lo que se hace en esos casos es poner cara de pena o de sorpresa para que se den cuenta de que te has chocado con ellos. Aunque creo que al final ni caras ni nada. Decimos sorry, el que lo entienda bien, el que no, que se busque la vida por entenderte, no tienes la suerte de conocer todas las lenguas de Europa, no vas para filólogo multilingüe.
Hablando de culturas y tradiciones destacaría el tema de los horarios. En Creta hay una hora más que en España pero eso no es ningún problema. El problema son los horarios de otros países, de esos que madrugan para zamparse un desayuno (1) de campeonato, comer a las doce, no sé si merendarán y cenan a las cinco o seis porque horitas antes ya está todo listo para sentarse a la mesa. Lo malo de esto es que pretenden que nosotros los españoles robacolchonetas y los que somos más chulos que un ocho nos acostumbremos a sus horarios. Abren pronto los restaurantes y los cierran también pronto. Nos quedaremos los últimos comiendo solos pero no nos van a meter prisa ninguna.
(1) Aclaración: Los zumos son tan artificiales que cuando ves caer el chorro de zumo de naranja se distingue uno transparente y otro naranja que le dará el sabor, salen separados pero al final lo que cae en tu vaso está perfectamente mezclado.
De los baños se puede sacar otra pega que merece ser contada. Las toallas son de minimoys. Cuando te intentas envolver en ellas para secarte parece que te has puesto la toalla de manos alrededor en vez de la del cuerpo. Repito: son extremada y realmente pequeñas.
Pero si algo bueno hay que destacar es la temperatura del agua. Sin duda algo del Mediterráneo que se mezcla con el Egeo se nota que calienta las aguas griegas. Comparado con la costa gallega o cantábrica de España es un caldo de verduras (hablando de la temperatura y de las algas que flotan). Para mi sorpresa el agua no es de paraiso, no es cristalina ni la arena blanca como en las fotos de revista. El agua de mar tiene algas (pero menos) y la arena es marrón como la de cualquier otra playa.
Si antes decía que era todo incluído tenemos la ventaja de que siempre que quieras tienes algo que puedes comer o beber para matar al gusanillo entre horas. Lo malo es a donde va a parar después.
Para moverte de un lugar a otro, al estar en un hotel grande es que todo está un poco alejado. Hay escaleras en todas partes, demasiadas pero compensa para bajar todo lo que comemos que no es poco.
Con respecto a los restaurantes son un rollo porque para comer y cenar casi todos son de buffet por lo que los paseos en busca de comida no te los quita nadie. Por suerte en dos restaurantes para cenar, te lo llevan a la mesa. Los desayunos como en todos lados, de buffet, nada del otro mundo.
Sin duda no creo que vaya a volver a Creta y si me lo planteo, no será al Grecotel de cinco estrellas en el que me he alojado estos cinco días. La experiencia ha sido como estar en Alemania pero con sol y playa.
Valoraría este viaje con una puntuación global en torno a un siete y creo que estoy dando puntos de más porque ha sido un hotel normal y corriente, no uno de esos geniales a los que deseas ir cuando ves revistas especializadas en venderte ese hotel. Lo cierto es que las fotos y la publicidad siempre ha engañado y esta vez lo ha hecho muy pero que muy bien. Pero hay que estar en todo tipo de sitios para saber comparar y valorar. No es lo mismo el hotel de cinco estrellas de España que fuera.
Tampoco me arrepiento de haber hecho este viaje, me lo he pasado bien, he descansado y he cogido bastante moreno aunque me quemase el primer día y el segundo estuviese evitando el sol. Las siestas escuchando música y viendo el mar bajo una sombrilla en una tumbona no las cambiaría por nada.
(PD: He modificado la foto por los colores, igual sigue teniendo aspecto paradisiaco, en realidad estaría lleno de gente, colchonetas cantosas en la piscina y el agua del mar sigue sin ser así, es mucho más oscura)



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